Soda Stereo

Signos

1986

El tercer disco de Soda Stereo no solo les ganó el status de leyenda en toda Latinoamérica sino que materializó aún mas un sonido propio y un logro artístico enorme. Signos se convertiría en uno de los discos mas representativos de la banda, con un gran puñado de himnos soderos.

Si bien el éxito de Nada Personal ya los había llevado por primera vez fuera del país, aquello fue solo un pequeño avance de la locura que despertaría Soda Stereo en todo el continente americano con su tercer trabajo.

A mediados de 1986, luego de concluir la exitosa gira de su segundo disco, la banda, incluyendo al tecladista Fabian Von Quintiero, realizó un viaje en conjunto por toda Europa. Por un lado para descansar pero por otro lado también para ganar inspiración para futuras composiciones. Se dieron el lujo de asistir a varios festivales y ver bandas en vivo como Level 42 o Simple Minds.

Muchas de las bandas que vieron tenían un sonido desarrollado alrededor del funk, con sección de vientos, coros femeninos y demás. Era un sonido que les resultaba mucho mas orgánico para ejecutar en vivo a diferencia del sonido mas sintético y electrónico que buscaron para su segundo disco y sus respectivas presentaciones en vivo. De regreso a Buenos Aires, los ensayos se enfocaron en lograr un sonido mas de ese estilo. Abandonando un poco los sintetizadores en busca de un mayor impacto.

Todas las canciones del nuevo disco fueron compuestas de un tirón. Cerati escribió todas las letras en una sola noche, en parte apretado por el calendario de grabación, lo cual resultó en que todas las letras tuvieran varios tópicos en común. La mayoría de ellas hablan sobre relaciones tormentosas y oscuras, con todas las crisis emocionales correspondientes. Todo esto le da al disco un cierto aire conceptual.

Después de unos días de grabación de habían salido impecables, la consola del estudio Moebio colapsó y se quemó. Muchas de las primeras pistas quedaron perdidas y la banda tuvo que regrabar muchas de las canciones a contrarreloj. Este inconveniente es a penas evidente al escuchar el disco, gracias a la magia y astucia del técnico Mariano Lopez.

Signos tiene un sonido mucho mas directo que su antecesor. Si bien hay nuevamente mucho trabajo de post-producción y uso de cámaras de eco, los instrumentos suenan mucho mas “reales” que en Nada Personal. La batería de Charly Alberti es una batería real y no electrónica, aunque grabada bien al estilo 80s con un redoblante explosivo. El bajo de Zeta Bosio ruge en los grabes mucho mas que en el disco anterior, en donde se escuchaba mas brillante y filoso. Y la guitarra de cerati también se escucha mucho mas presente y agresiva que en el segundo disco.

Este sonido mas sólido e impactante de la banda se ve aumentado por la atmósfera oscura y siniestra de muchos de los temas como No Existes o El Rito. Por primera vez Soda ya logra un sonido propio que no puede clasificarse de entrada como rock ni como pop. Si existen muchos signos del funk que absorbieron durante su viaje a Europa, como es muy notorio en el que es probablemente el mayor hit del disco, Prófugos. Tanto en esa canción como en el tema de apertura, Sin Sobresaltos, escuchamos una enorme sección de vientos.

La simplificación de la música de Soda también se vio reflejada en su look durante los shows. Si bien los peinados ochentosos seguían presentes, abandonaron el exceso de maquillaje a la The Cure y simplificaron un poco su vestuario aparatoso de la gira de Nada Personal.

El disco tuvo una respuesta inmediata. No era de extrañar para un disco que incluye tantas canciones que terminarían siendo himnos soderos tales como el ya mencionado Prófugos, Persiana Americana, Signos y Final Caja Negra.

Signos se convirtió en el primer disco de Soda Stereo en contar con una gira latinoamericana propiamente dicha. La gira fue totalmente inédita y dejó una huella histórica enorme en cada uno de los países visitados, al punto de que muchos grupos surgidos a partir de ese momento citaron esa primera visita de Soda como un momento clave en su génesis.

En 1987 en medio de una manía comparable a la generada por los Beatles en su primer visita a EEUU, Soda Stereo visito Chile para asistir al festival de Viña del Mar, donde tuvieron dos apariciones ya históricas que terminaron de hacer explotar a la banda en todo el continente. Por supuesto el éxito del disco no escapó a su Argentina natal, en donde Signos no solo superó el éxito del disco anterior, sino que les ganó la aprobación casi unánime de la crítica, hasta ese entonces no muy amable con la banda.

Lo mejor de esa gira latinoamericana terminaría siendo registrado en el disco en vivo Ruido Blanco de 1987.

Con Signos, Soda Stereo había llegado a un estatus de fama internacional inimaginable para cualquier músico argentino hasta ese momento. Su condición de leyenda en países como Chile, Colombia o México permanecería intacto hasta nuestros días.

Autor:

Juani Vitale

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