No Aprendimos NADA

Otra vez nos pasó. Otra vez fuimos argentinos hasta la medula.

Es irónico y hasta triste que hace unas semanas vi en YouTube excelente compilado de las visitas de bandas extranjeras a nuestro país, nuestros cantos, sus reacciones… absolutamente NADA pasó durante estos shows, que déjenme decirles, no fueron necesariamente “chicos”. Ese mismo compilado incluía una nota de CQC sobre un recital del Indio en el interior. Dejé de ver en el momento en el que dicho evento fue denominado como “El pogo mas grande del mundo”. Me dio vergüenza. En ese momento me di cuenta lo PIJA CORTA que somos los argentinos.

Entre tanto debate sobre machismo/feminismo y demás, mi batalla mental interna y mi “odio” pasional estuvo siempre mas puesto en las cagadas de los hombres que en los derechos de las mujeres. Porque siempre me pareció que para solucionar lo segundo, hay que arrancar lo primero de raíz. Y en la Argentina somos MUY machistas, pero también somos MUY cagones. Para eso se usa el fútbol en varios casos, para tener una luz verde, para putear, para odiar, para desear la muerte, para cagarte a piñas, para buscar el conflicto en CUALQUIER contexto (“buen pibe, lastima que es de river”) para tener una excusa “moralmente legal” para el bullying, para llegar al día siguiente al trabajo y humillar al que es del equipo que perdió. Pero, ojo, todo eso es “hermoso” porque es parte de la “cultura y el folclore” y porque “une a toda la familia” y porque después de todo “es solo un deporte”. La verdad es que si fuera “solo un deporte” terminaría dentro de las lineas de la cancha y, a lo sumo, en un debate amistoso al día siguiente. Y la verdad es que crecimos con eso, con nuestros viejos, con nuestros abuelos, así que “tiene que estar bien”. Salvando las distancias, esa es la misma reflexión que podría hacer un joven español acerca de las corridas de toros, otro símbolo de compensación del tamaño del pene, que si, siguen existiendo…

Desde ya, no estoy generalizando, conozco mucha gente amante del fútbol, y hablo del DEPORTE, no de toda la mierda que lo rodea y gente que tampoco lo usa para ventilar las frustraciones que no tienen los huevos de ventilar en su vida real… La referencia al fútbol es OBLIGATORIA, porque durante la década de los 90, al rock nacional le pasó algo que JAMAS tendría que haber pasado y que lo destruyó para siempre: La FUTBOLIZACIÓN, traducida en un fenómeno único en el mundo llamado “rock barrial”. En ese momento por motivos sociales, culturales y económicos que no vienen al caso, muchísimas bandas comenzaron a enfocarse mas en armar grandes hinchadas que grandes canciones o discos y a medir su grandeza en cuantas almas podían juntar en un lugar, aunque sonaran como el orto y el público cantara mas alto que ellos. Y tuvieron “éxito”, al punto en el que los mismos seguidores no iban a los shows a disfrutar de la música, sino del propio público. Y así también fue como todo lo peor del “folclore” futbolero argentino se traslado al rock: las barra bravas, las BENGALAS, las rivalidades huecas e idiotas (Soda vs. Los Redondos) y la cultura de exterminar al enemigo. Porque también somos el único lugar del mundo en donde si te gusta una banda, te ganaste enemigos al instante, al igual que si sos de cualquier cuadro de fútbol.

En el medio de todo esto, los Redonditos de Ricota se convirtieron en la dicotomía mas grande de todo este embrollo. Una banda que nació a un millón de años luz (guiño) de cualquier contexto de “rock barrial”, en una cultura altamente artística, intelectual y bohemia, liderada por un tipo estoico, hermético, solitario que viaja cada dos por tres a la capital del imperialismo donde tiene un piso propio, de repente se hizo del público mas barrial de los públicos barriales. Sigue siendo un misterio como sucedio, aunque seguramente, como siempre nos pasa a los argentinos, haya sido producto de que la orientacion DIY de izquierda de la banda, llegados los 90s y con la estupidización y simplifación de interpretaciones, simplemente se tradujo en “hagamos quilombo porque los redondos son lo mas grande que hay, el resto son todos caretas”. Y la dicotomía también resulta grande porque, a diferencia del 90% de las bandas lideres del movimiento, los Redondos SI tuvieron credibilidad artística y fueron verdaderamente músicos de la ostia.

Y así fue que una década entera de mediocridad musical nacional y desvirtuamiento de lo que significa ser seguidor de una banda, estalló en llamas un diciembre del 2004 en Cromañon, y por supuesto salimos a echar culpas, porque lavarnos las manos como masa social es lo que mejor sabemos hacer, después de creernos “lo mas grande que hay”. Claro, la culpa no puede ser de Callejeros ni del público porque las bengalas “son parte del folclore del rock”, aunque SOLO PASA EN ESTE PAÍS, pero debe estar bien porque “los argentinos somos los mas grandes” y porque “sentimos mas el rock que en el resto del mundo”.

Desgraciadamente lo único que aprendimos de Cromañon es que el lugar no estaba preparado, que Chaban fue negligente y que no deberían haber prendido una bengala ahí adentro. TODAS verdades. Sin embargo la verdad mas grande era y sigue siendo inaprendible para nosotros y es que la música nunca debería ser equivalente a ningún acto de violencia o disturbio. Los que alguna vez fuimos músicos o decimos que fuimos “salvados por la música” lo decimos precisamente porque fue la música la que hizo que canalizáramos nuestra bronca, frustración o ansiedad en tocar un instrumento, escribir una letra o incluso escuchar un disco (no es necesario ser músico para sentir la música en la sangre). Si tu forma de demostrar pasión por un artista es creando disturbios y peleas, entonces no estás ahí por la música y NO ENTENDISTE NADA.

Y por supuesto que esto iba a volver a pasar, esta vez en un episodio que parece casi guionado y durante “EL POGO MAS GRANDE DEL MUNDO”. Lo que nos paso (porque sepan que NOS paso, aunque no estuvieramos ahí) es comparable a lo que le pasó al Titanic en 1912, cuando dijeron que era “el barco que ni Dios podría hundir” se llama Karma. La diferencia es que a nosotros ya se nos hundieron varios Titanics (y no hablo solo de la música) y no aprendimos, ni vamos a aprender nada.

Y por supuesto, otra vez vamos a buscar culpas al pedo. Y no lo digo exonerando a nadie. Si, el intendente de Olavarria deberían no haber autorizado el lugar. Si, el Indio debería no haber hecho el show. Si, los del público deberían no haber sido tan salvajes en el frente… la verdad es que la culpa no es de nadie, pero la RESPONSABILIDAD fue y es de TODOS, y en mi humilde opinión son los músicos como figuras idolatradas y lideres de opinión los que deben detectar y frenar este cáncer antes de que se multiplique y sea irreversible. Pero la ironía mas grande es que gente como el Indio, cuyo discurso asegura anteponer el valor artístico de su creación al dinero y a las grandes masas, no tenga los huevos para salir a ponerle los puntos a su propio público a costas del riesgo de perder muchos seguidores (y por ende mucha papota). Ellos dicen que no pueden controlar las reacciones de la gente ante sus shows, y es cierto, Lo que SI pueden hacer es NO TOCAR estando MUY al tanto de cuales son esas reacciones y lo que implican. Y no volver a tocar hasta que su público sea precisamente un público y no una hinchada.

Mientras esto no sea así, esto va a seguir pasando, porque “si vas a un recital del indio pasan estas cosas” y “si no te gusta, no vayas o es porque sos un careta y un maricón y anda a ver a los Pimpinela”

Como siempre, no aprendemos nada…

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